Cuando me miras, con esa mirada en la que se esconde la inocencia de un niño, se que soy afortunada.
Cuando me hablas, con la voz más sincera que mis oídos jamas habían escuchado antes, se que soy afortunada.
Cuando me abrazas y me acercas a tu pecho, se que soy afortunada.
...afortunada de ser parte de ti, de tu mundo. Mi espíritu en cada acción respira a diario un poco de la esencia de tu ser, y lo guarda en lo más profundo de mí, para allí, conservarlo la eternidad.
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